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7 Hábitos para reforzar la autoestima

La autoestima es la guardiana de nuestra salud

“Iba un día un discípulo a buscar consejo al hogar de su maestro:

– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– Cuánto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- Y haciendo una pausa agregó -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

– Encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

– Bien- asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación.

– Maestro – dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

– Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examino el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: – Dile al maestro, muchacho que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.

– ¡¿58 monedas?! -exclamó el joven.

– Sí, replicó el joyero- Yo se que con tiempo podríamos obtener por el cerca de 70 monedas, pero no se… Si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? ”,

Jorge Bucay 

¿Cuánto crees que vales? ¿En qué te basas para decidir cuánto vales? ¿Cuánto poder le das a la opinión de los demás para decidir cuánto vales?

La autoestima es la percepción evaluativa de nosotros mismos, la imagen que tenemos de nosotros mismos. Y sólo tiene que ver con uno mismo, no con los demás. 

De la valoración que hacemos de nosotros mismos va a depender el desarrollo de nuestro potencial y nuestros logros. Puedo proponerme lo que quiera, cualquier objetivo. Y lo conseguiré en la medida en la que me crea, me vea, y me sienta capaz de ello. 

Autoestima es confiar en mi mismo y en mis habilidades, es sentir que tengo la capacidad para resolver cualquier situación que la vida me depare. Y además, es también confiar en mi derecho a tener éxito y ser feliz. Es sentirme merecedor: “Yo merezco”. 

La autoestima influye en todas las facetas de nuestra vida, y por eso nuestra salud es una expresión de nuestra autoestima. Nuestra salud habla de nosotros, del tipo de vida que hacemos, de cómo nos cuidamos, de la atención con la que nos escuchamos a nosotros mismos (a nuestro cuerpo y a nuestras emociones), de la fortaleza de nuestro sistema inmune y de la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. El año pasado entendí de manera profunda, que autoestima va de la mano de auto-cuidado. La autoestima es la guardiana de nuestra salud.

Hoy compartimos 7 hábitos a poner en marcha para reforzar la autoestima:

1. Asumir la responsabilidad al 100%

Ante cualquier circunstancia tengo la oportunidad de hacerme parte del problema, y de esa manera poder ser parte de la solución. No me hago culpable porque no elegí esa circunstancia. Sin embargo SÍ asumo el poder que está en mis manos para cambiar o transcender lo que sucede. Responsabilizarme significa ser consciente de que todo lo que hay en mi vida es una consecuencia de lo que pienso, digo y hago. En el momento en el que me responsabilizo ya no hay culpables. Si me reconozco responsable de lo que hago, no de lo que otros hacen, me siento libre para elegir lo que hago y no siento que dependo de lo que me hacen.

2. Respetar mis necesidades, y buscar la manera de expresarlas.

Aquí entran dos cosas en juego, por un lado el saber comunicarme de forma asertiva. Esto es, “decir, expresar, lo que siento y pienso a la persona correcta en el momento y lugar idóneos, respetándome a mi y respetando al otro, con todas las consecuencias y sin sentirme culpable”. Y para ser asertivo necesito escucharme, detectar mis necesidades y mis emociones. A medida que el diálogo conmigo mismo sea más fluido, lo será también con otras personas. Es por tanto, de doble vía : saber YO detectar y respetar mis necesidades , y saber pedirlas AL OTRO.

3. Cuidarme, mimarme como si fuera la persona a la que más quiero del mundo

Cuántas veces hemos escuchado en los vuelos comerciales en los que hemos estado: “Colócate la máscara de oxígeno antes de ayudar a otros”. Nos dicen que si bien es posible que sintamos un impulso de ayudar primero a nuestros hijos o al pasajero anciano sentado junto a nosotros, no seremos de ayuda para nadie si no nos mantenemos conscientes. Y esto es una buena metáfora para que entendamos que cuidar de uno mismo no es egoísta, es sencillamente una elección inteligente e imprescindible si queremos cuidar bien de otros. 

Ahora te invito a que pienses en una persona a la que quieres de manera incondicional. ¿Cómo desearías que fuese tratada? ¿Qué mensaje te estás dando a ti mismo cuando no te mimas y sólo te exiges? ¿Qué cosas te hacen disfrutar? ¿Cuánto te permites disfrutar de ellas cada día?

4. Tener clara mi visión y mi misión

El principal problema para conseguir lo que queremos es que no sabemos lo que queremos. Parece algo obvio, pero no lo es tanto. A cada persona nos hace feliz unas cosas, pero hemos tomado prestado de otros la idea de qué es el éxito, y qué es lo que me va a hacer feliz. Párate a pensar ¿qué es el éxito para ti? ¿qué te hace feliz a ti? ¿cuáles son tus valores? ¿qué te mueve y te inspira? Y sólo una vez que te hayas contestado honestamente define tus metas alcanzables y divídelas en pequeños pasos. Y comienza ya con la primera acción, porque el primer paso a lo mejor no te lleva directo a donde quieres. Pero es seguro que te saca de donde estás. Y ese es el primer paso hacia tu éxito. Sigue tu propio camino por encima de todo lo demás. 

5. Reconocer mis fortalezas y mis logros

¿Cuáles son los éxitos de tu vida? Tómate tu tiempo para acordarte de ellos, hay muchos. ¿Qué habilidades tuyas pusiste en práctica para alcanzar esos éxitos? ¿Lo tienes? Pues todas esas habilidades que te llevaron a alcanzar todos esos éxitos ya son parte de ti, son tus fortalezas. 

Ser consciente de mis fortalezas y mis logros significa ser consciente de lo que SI hay en mi vida. Si no soy consciente de lo que si soy hoy no puedo dar un paso adelante. Peor que “no conseguir” es no darme cuenta que ya lo he conseguido.

6. Ser agradecido

Acepto y reconozco que lo que he hecho en el pasado fue lo mejor que pude hacer con mis conocimientos de entonces. Mis acciones reflejaron mi conciencia. 

Si dejo de preguntarme por qué me están sucediendo las cosas y me pregunto para qué me están sucediendo, me coloco en un lugar donde no hay juicios, sólo hay circunstancias que agradecer y aprendizajes que bendecir.

Hay tantas cosas por las que estar agradecido que se nos pasan de largo. Las cosas buenas de la vida, en su mayoría, no suelen aparecer con bombo y platillo, son cosas sencillas: el aroma del café, observar a tus hijos durmiendo, el olor a tierra mojada, el sonido de la lluvia en el cristal de la ventana, el frescor de un bocado de sandía, la sensación de alivio cuando se resuelve un problema o cuando realizas algo que tenías pendiente…

Todos estos pequeños momentos ya están ocurriendo cada día. Sólo necesito darme cuenta de ellos, ponerles atención. 

Apunta 5 cosas positivas que te han pasado hoy. Y hazlo durante dos semanas. Estarás entrenando tu mente a que se detenga a ver esas cosas sencillas pero llenas de magia, “esos violinistas en el metro” que la vida te regala. Permítete sentirte afortunado por poder disfrutar de ellas y agradécelas.

7. Permitirme la posibilidad de fallar.

Según la Real Academia Española, fracaso es “malogro, resultado adverso de una empresa o negocio, suceso lastimoso, inopinado y funesto”. El fracaso es visto como algo negativo pero todo el que ha tenido éxito es porque previamente ha “fracasado”. Y es que los errores nos permiten “crecer”, constituyen un prerrequisito absoluto de cualquier proceso de aprendizaje. No hay forma de aprender ninguna tarea o habilidad sin errores. Este proceso se denomina aproximación sucesiva: aproximarse cada vez más a un resultado satisfactorio mediante el feedback que proporcionan los errores. Cada error nos dice lo que tenemos que corregir, cada error nos lleva gradualmente más cerca del éxito. En lugar de temer los errores démosles la bienvenida. 

¿Cómo te sientes ahora? ¿Qué has aprendido? ¿Qué has descubierto de ti? 

Para consolidar cualquier hábito nuevo se necesitan mínimo 21 días. Te invitamos a que te pongas una fecha para empezar con el ó los hábitos que tu elijas reforzar:

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dd/mmm/aaaa

¿Estás comprometido a hacerlo durante estos 21 días? ¿Te das permiso para ser tu “yo más saludable”?

La salud, los buenos hábitos y la autoestima forman un círculo que se retroalimenta, y hay que buscar la manera de que los tres se sostengan y se nutran. Todo lo que hagas por tu salud y bienestar, revertirá en tu autoestima, y viceversa. Si crees que no estás cuidándote como te mereces, escríbenos a coachingdesalud@salutis.es y te acompañamos en una sesión individual de coaching a  descubrir la autoestima como algo que se practica, mediante el autocuidado y cultivar la presencia.
Laura Ortiz Amador
Coach ACC certificada por ICF (International Coach Federation) Coach Profesional Certificada por Lider-Haz-Go! Experto Universitario en Coaching Profesional por UEMC (Universidad Europea Miguel de Cervantes), especialización en Coaching de salud. Bióloga (UCM). Profesional autónomo de la Industria Farmacéutica en Investigación Clínica. Coach de salud en Salutis Healthcare.

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