¿Por qué nos interesa tanto la alimentación? 

Seguramente sepas lo que es una alimentación saludable. Lo que “debes” comer y lo que no. Qué es la comida basura, los superalimentos, las calorías, las grasas, el gluten, los alimentos ultraprocesados… Todos hemos oído hablar de alguno de estos términos en algún momento, bien porque lo hemos visto u oído en algún sitio o bien porque nos interesa por una u otra razón. ¿Por qué nos interesa tanto la alimentación?  Claro está que todos (o casi) conocemos la importancia que tiene la alimentación para nuestra salud. Escuchamos mensajes de que hay que comer verduras, frutas, cereales integrales, evitar el azúcar… de más proteínas, hidratos no, hidratos si, grasas saludables… Hay mucha información y tratamos de seguir consejos que escuchamos pero normalmente sin saber exactamente por qué unos sí y otros no.  Lo que sí parece obvio es que si se ingiere algo y pasa a mi estómago, intestino y sangre… Algo me hará, ¿no? Casi todos los medicamentos que tomamos van por esa vía, por lo que todo lo que siga ese camino, tendrá una consecuencia en nuestro organismo. Y entonces, por un lado, será importante conocer lo que estoy ingiriendo, si proteínas, verduras o grasas para saber lo que le pasa a mi cuerpo y lo que me aportan. Y por otro lado, ¿por qué si tiene tanto interés y está tan clara su influencia en la salud, sigue siendo un área “apartada” de la salud? Con apartada me refiero a que, al menos en España, es una especialidad que no forma parte del sistema de salud. Una persona formada en nutrición y dietética no está incluida en el ámbito sanitario del cuidado de la salud. 

Conocimientos en nutrición

Un médico profesional de la salud por excelencia no suele recibir formación en nutrición. Los efectos de los alimentos sobre la salud no es un área que se incluya entre sus conocimientos para cuidar de la salud de las personas. Algo que hacemos 2, 3, 5… veces al día y que no podemos dejar de hacer para vivir, no parece importante conocer. Algunos incluso se extrañan si les mencionas que tales alimentos pueden ayudar a… o interferir con…  El cuerpo humano funciona con unos “ingredientes” que están en los alimentos y los nutrientes que le damos. Nuestro cuerpo no se alimenta de pan, carne, verduras… Lo que realmente hace es reducir todo eso que le damos a la mínima expresión: nitrógeno, carbono, oxígeno, calcio, hierro, fósforo… En esencia, somos una serie de maravillosas reacciones químicas que para producirse sólo necesitan los materiales adecuados. Si pretendes hacer una casa de ladrillos y a la hora de construir no hay ladrillos, tendrás que empezar a utilizar lo primero que tengas a mano o quizá habrá que recurrir a derrumbar otra casa que esté cerca para usar esos ladrillos que tanto necesitas… Ese plan no suena muy exitoso.  Esto es más o menos lo que nos sucede a diario. Cuando comemos lo primero que encontramos o lo más fácil de abrir, no le estamos dando al cuerpo esos “ladrillos” que necesita. Porque lo verdaderamente importante es lo que hay dentro de los alimentos, lo que le damos al cuerpo para que pueda hacer su trabajo. Son todos esos productos que nos aportan muchas calorías pero que a la hora de descomponerse en el cuerpo y aprovechar su contenido,  no tiene muchos materiales para hacer su trabajo. Y nuestro cuerpo hace lo que puede.

Este es el enfoque de una buena alimentación

Que aporte a nuestro organismo lo que necesita para funcionar. Si me preocupo por qué gasolina lleva el coche, ¿por qué no me preocupo por lo que le doy a mi cuerpo? ¿Y por qué no entendemos la importancia de esto? Somos capaces de ponernos medio de acuerdo en que es necesario comer una dieta variada, equilibrada, hacer platos saludables, recomendar reducir unos alimentos e incrementar otros… Pero cuando se habla de alimentos o nutrientes que pueden mejorar la salud o que pueden ayudar en ciertos momentos de la vida, ahí no, eso “no se puede decir”. Hay tantos milagros, tantas soluciones y posibilidades que nunca llegamos a saber lo que es y lo que no es acertado. Y demostrar algo en este campo es muy complicado por diversas razones (que no entraré). Una de ellas, es que no es tan sencillo hacer un estudio con X alimentos o X nutrientes sin que haya influencia de otras variables como el sexo, la edad, la actividad física… Y no se puede saber al 100% si los resultados son por un solo alimento o nutriente. Esto sirve para que unos se puedan agarrar a los extremos de “si funciona” o al otro de “no está demostrado” y, por lo tanto, me mantengo en mi pensamiento. Aunque comparto la idea de que no existen los milagros en la alimentación, tengo más que claro que lo que ingerimos afecta a nuestra salud. Si a mi coche diésel nunca le daría gasolina porque no funcionaría, con más lógica será en mi propio cuerpo. Éste es una máquina compleja que funciona gracias a un enorme engranaje de mecanismos trabajando en conjunto, en sincronicidad y precisión asombrosa. Y que aún dándole gasolina cuando le vendría mejor diésel, hace todo lo que puede para sacar rendimiento. Ahora bien, eso es agotador y acaba pasando factura. No vale echar calorías no importa de qué ni de dónde, ni cuándo. No es la fachada lo que le importa al cuerpo, sino el contenido.  Si utilizamos nuestra inteligencia interna y nos paramos a pensar en nuestra máquina que, como en el ejemplo anterior, necesita piedras para construir y le metemos papel, plástico, palos, etc. ¿Cómo va a funcionar bien? Realmente es una máquina tan increíble que hace milagros con aquello que le damos. Construye lo que puede y de la mejor manera posible, pero ¿a qué precio? Acabamos con fatiga, falta de energía, dolores, un débil sistema inmune… 

Ya es momento de cambiar el paradigma

Somos números, sumas y restas, reacciones químicas, etc. pero no somos sólo eso. Somos mucho más. Somos un entramado complejo influenciado por muchas piezas y que funciona de manera perfectamente sincronizada para mantenernos con vida. O sea que por mucho que quieran “vendernos” la idea de una solución única, y además esto nos guste y lo busquemos, no entramos todos en un mismo saco. Lo que a mi me viene bien puede ser que a ti no o simplemente que no te guste o que a lo mejor no puedas comprarlo. Miremos más allá del “papel”, miremos a las personas como un todo, démosles el centro del escenario, el papel protagonista. Tu vida es tuya y tu salud también. Y tus decisiones dependen de ti. Aprovechemos el conocimiento que tenemos para acomodarnos a las personas, para ayudarles a tomar mejores decisiones con respecto a su salud, a trabajar en la prevención y no centrarnos sólo en solucionar síntomas. No intentemos tomar sus decisiones por ellos, ni caer en obrar el milagro o meter a todos los seres humanos en el mismo saco. Este es el cambio que necesitamos. La alimentación es una pieza fundamental en la salud. La calidad de lo que comemos marca la calidad de nuestro funcionamiento. Tomemos decisiones conscientes a la hora de alimentarnos, de cuidar de nuestra salud. Salgamos del todo o nada, de “generalidades” que nos complican a la hora de elegir si ese producto es para mí también o no. Tú eres tú. Tus decisiones tienen mucho que decir con respecto a tu estado de salud, por lo que un primer paso podría ser empezar a cuestionarte si lo que eliges para alimentarte está contribuyendo a ayudar a tu máquina o a “trabar” tu motor. 

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  Paula Calderón Coach de Salud y Nutricionista Escuela de Coaching de Salud

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