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Conviviendo con el estrés

Conviviendo con el estrés

Parece que la palabra estrés habita en nuestras vidas y en nuestro vocabulario como “una más”. Está en nuestro día a día como está dormir, comer, relacionarnos, trabajar… Lo mismo como, que me estreso :). A nadie le sorprende escucharlo y nadie es ajeno a convivir con ello. Estamos conviviendo con el estrés codo con codo, y con todas las consecuencias que este tiene para la salud. Creemos que es “lo normal”, que “así es la vida”.

¿Qué nos ha llevado hasta esta normalización del estrés?

Tengo la sensación de que hubo un tiempo en que estar estresado o tener estrés era sinónimo de estar haciendo cosas importantes o de éxito por tener muchas cosas que hacer. Como el famoso multitasking que todos consideraban una habilidad muy deseada y que ahora parece que perdió esa categoría (resulta que no somos tan buenos en desempeñar muchas tareas a la vez ni es deseable hacerlo). Y no es que vaya desencaminado… Pero ya sabemos que entre todo y nada, blanco y negro, existe todo un mundo con muchos matices en la realidad. El mensaje que a mi me hace reflexionar es que en nuestras creencias y culturas es posible que nos hayamos conducido, entre otras cosas, a vivir con la normalidad del estrés, esa sensación tan habitual de “tengo muchas cosas que hacer y no tengo tiempo para nada más”. ¡Ni para mí misma! 

Hacer y hacer era lo más importante, ser súper hombres o súper mujeres que pueden con todo. Y para poder hacer todo, nos fuimos construyendo tecnologías que nos permitieran hacer más en menos tiempo, por lo tanto más podríamos conseguir y más cosas nuevas podríamos hacer. Parece el plan perfecto. Pero… ese plan que nos iba a dirigir a un mundo fascinante lleno de facilidades y oportunidades parece que tiene su “cara b” con grandes consecuencias para la salud. 

Cuanto más mejor

Hemos creado un mundo que va más rápido que nosotros, que cada vez nos exige más y más. Que nos proporciona todo lo que podamos imaginar: noticias al instante, conexión inmediata con amigos, familia o trabajo, ofertas, viajes, diversión… y todo al alcance del bolsillo. Tenemos tanto y no tenemos nada. Visto sobre el papel tiene su potencial y su razón de ser, pero en el momento en que en esa comodidad y promesa cedemos nuestro poder y nos dejamos llevar por esta insaciable demanda de atención, pasamos a ser esclavos y no dueños de nuestras decisiones.

Nos hemos establecido un nivel de exigencia de vida que: ¿quién tiene un minuto? Necesitamos dedicarle más tiempo a eso y a lo otro también, pero sin olvidarnos de aquello. Y mientras le dedico más tiempo a eso, algo se quedará sin tiempo, dejándonos con esa sensación de agotamiento, de incapacidad por no poder con todo, de no tener el control. 

¿Cómo no vamos a vivir estresados si vamos con “la lengua fuera”?

Estrés “bueno” y “malo”

El estrés existe y existirá. Es algo necesario y bueno para nosotros, por eso la naturaleza ha diseñado un mecanismo tan bien engranado (estudio), que más que bueno lo definiría como un mecanismo sabio y necesario diseñado para que podamos enfrentarnos a situaciones que nos generan “estrés” y requieren atención. Viene un león a comernos y necesitamos tener todo lo necesario para enfrentarnos a esa situación. Una situación, una respuesta, y a otra cosa. En la vida nos surgen algunas ocasiones donde es necesario y bueno y en otras… no tanto. ¿Cómo es “bueno”? Resulta que según nos lo tomemos, según será la experiencia. Como siempre, depende de nosotros mismos. 

Ese “estrés positivo” a lo que se refiere es que si el enfoque está en que es un reto pero me gusta, lo disfruto y aprendo, entonces el mensaje que recibe mi cuerpo es totalmente diferente que si el enfoque está en que no tengo herramientas para afrontar esa situación y me siento incapaz. Una persona que trabaja mucho y tiene “muchas” cosas que hacer pero las disfruta y no las ve como algo “malo”, utiliza ese mecanismo de estrés en su beneficio, para sacar lo mejor de sí misma. Sin embargo, una persona que trabaja mucho y tiene la sensación de que nunca llega a nada, de que no tiene tiempo, que no lo disfruta… manda un mensaje tóxico a su cuerpo. El mensaje es diferente, el resultado es diferente. Por lo tanto, sus consecuencias serán tóxicas o no en función de la experiencia (estudio). 

Por eso no se trata de eliminar el estrés o conseguir un estado zen absoluto, se trata como siempre de entrenar la capacidad de prestar atención, de desactivar el piloto automático para poder observar nuestros comportamientos, pensamientos, actitudes y actividades diarias y decidir si son lo que queremos o no.

Nuestro trabajo

El estrés con el que vivimos tiene consecuencias en nuestro cuerpo y a medida que aumenta pueden aparecer señales. Ese estrés no gestionado comienza a intentar llamar nuestra atención con muy diversas señales (estudio) que pueden ir desde migrañas, dermatitis, malestar gastrointestinal, problemas de sueño, contracturas, problemas de corazón, etc. Y podemos escucharlas y entender que algo no está bien, que necesitamos un cambio, dedicarnos más tiempo… O puede que nos enfoquemos en esos síntomas y busquemos algo para “eliminarlos”.

  • Si estamos en el primer grupo, hemos sido capaces de escuchar el mensaje. La realidad en la que vivimos no es sostenible y necesita cambios. Que seamos personas conscientes y responsables para tomar las medidas necesarias y enderezar el rumbo. Esto es lo que se trabaja desde el Coaching de Salud, empoderar a las personas para que sepan escuchar su interior y poder responsabilizarse de su autocuidado y su salud.
  • Por el contrario, si estamos en el segundo grupo, seguimos en piloto automático. Sin prestar atención a los mensajes, buscando parches que nos permitan seguir viviendo esa vida que es la que probablemente está detrás de esos mensajes. Continuaremos forzando más a nuestro cuerpo y provocando, quizá, mensajes más fuertes: ataque de ansiedad, obesidad, enfermedad cardiovascular, mental, etc.

Pero en ocasiones, incluso así, no “somos capaces” de hacer esos cambios, de enfrentarnos a nuestro estilo de vida y al estrés que nos domina. De buscar y encontrar una mejor manera de vivir y aumentar nuestra calidad de vida. Y esto a su vez, nos provoca más estrés por no ser capaces de hacerlo, o por que nos resulte imposible dedicarnos ese tiempo necesario.

Estamos conviviendo con el estrés continuamente por esa larga lista de cosas que “tenemos que” hacer y que nunca llegamos a conseguir. Es como vivir todos los días en una cinta de correr que va a toda velocidad y te exige ese ritmo si quieres seguir en la máquina, pero en realidad, sigues en el mismo sitio. Correr más rápido no te va a hacer estar mejor y además acabarás agotad@. Es la cinta la que tiene el control y no tú. Para salir tienes que bajarte de la máquina, recuperarte y poder ver con claridad cuál es la dinámica en la que quieres vivir.

¿Cómo consigo priorizarme entre tantas cosas que “hay” que hacer? 

Responsabilidad y autogestión

El concepto de salud desde el que se trabaja en Coaching de Salud, observa la salud de cada persona desde una visión más amplia que un síntoma o un comportamiento concreto. Todo está entrelazado y cada área de la salud está influida por las demás y, por ende, influye en la salud global. Si dedico muchas horas a trabajar y no tengo tiempo para parar a sentarme a comer, comeré lo primero que pille o comeré en 10 minutos sin haber podido ni saborearlo. Eso me puede provocar malestar en el estómago o falta de vitalidad para continuar el día. Puede que me deje sin fuerzas para hacer el ejercicio que sé que debería hacer, pero prefiera tumbarme en el sofá… 

Ahora vivimos un parón del planeta, la tierra ha dicho basta, ha parado la cinta y necesita un reset. Este nivel de vida no es sostenible, algo necesita ser mirado y tratado, algo no estamos haciendo bien. ¿Y nosotros? El ser humano también se ha dado cuenta de esa necesidad de reset, de que este tipo de vida que nos hemos creado está teniendo sus consecuencias a todos los niveles, incluidos el físico y mental. Y en el cambio de paradigma está el camino: tomemos las riendas, paremos el automático y empecemos a marcar nuestro propio ritmo de manera responsable. 

 

 

Paula Calderón

Coach de Salud 

Escuela de Coaching, Salutis Healthcare

coachingdesalud

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